17 marzo 2008

¿Le Lavo su Carro Don?

Hugo Maul Rivas
Director Área Económica
CIEN

Treinta años lavando carros se dice fácil; las manchas en sus brazos demuestran lo contrario. En el mismo lugar todos los días, de sol a sol y bajo el sol. Sin seguridad alguna de que podrá llevar algo de dinero a su casa; sin certeza alguna de que mañana podrá regresar a su lugar de trabajo. Y por si esto fuera poco, muchos los consideren ladrones por el hecho de trabajar en la calle. A pesar de estos inconvenientes, el Canche, como le dicen, se las ingenió para sacar a sus cinco hijos adelante. Si mal no entendí, dos de ellos ya son graduados universitarios y los otros tres estudian la secundaria. Una historia digna de admiración, que seguramente se repite incontables veces a lo largo y ancho de nuestro país. Millones de personas que, como el Canche o cualquiera de sus amigos de la cuadra, se esfuerzan día a día por salir adelante y ofrecer un mejor futuro a sus familias. Millones de personas cuyas historias permanecen olvidadas simplemente porque les tocó vivir en la marginalidad. Estar al margen no significa, necesariamente, estar en contra la ley. Al menos, no en contra de leyes justas que busquen promover el bienestar general mediante el respeto de los principios que rigen el intercambio libre y voluntario. A lo mejor sí, en contra de leyes y reglamentos ilegítimos, injustos e infuncionales dadas las particularidades de nuestro sistema económico.

Aunque hacer negocios en Guatemala nunca ha sido fácil para nadie, llámenese empresarios formales o informales, micro o grandes empresas, comerciantes o productores. La diferencia radica en que algunos de ellos, sobre todo los grandes y medianos empresarios formales, tienen la capacidad de hacer oír su voz ante las autoridades y de vez en cuando sus sugerencias son tomadas en cuenta. Los micro y pequeños empresarios, sobre todo informales, usualmente carecen de esos mecanismos. Las autoridades generalmente no quieren saber nada de ese tipo de negocios. Negocios que, a pesar del disgusto de muchos alcaldes, permiten que millones de personas se ayuden a sí mismos para salir de la pobreza o, al menos, para no pasar a engrosar las filas de quienes demandan del Estado soluciones inmediatas a todos sus problemas. Empresarios informales como el Canche, generalmente, sólo reciben persecución y amenazas por parte de las autoridades. Y aún así, la mayoría de ellos se las ingenia para sobrevivir, mandar a sus hijos a la escuela, apoyar a sus compañeros y, sobre todo, para satisfacer a sus consumidores. ¿Cuánto más no podrían hacer si los tomaramos en cuenta? No puedo recomendar que lleven sus carros a lavar a donde el Canche. No vaya ser que algún funcionario municipal de esa ciudad decida prohibir el estacionamiento de vehículos en esas calles.

2 comentarios:

Erika Haydee dijo...

LO FELICITO POR MOSTRAR UNA REALIDAD QUE MUCHOS ESTAN PASANDO

Carlos Mendoza dijo...

Este articulo hay que leerlo junto con la respuesta que dio Samuel Perez, en Prensa Libre:

http://www.prensalibre.com/pl/2008/marzo/26/227981.html