08 enero 2007

2006: ¿Buen año?



Si uno se limita a los indicadores macroeconómicos, la conclusión sería que el 2006 fue un buen año. Sobre todo, si uno borra de la memoria los acontecimientos que ocurrieron durante el último trimestre del año. Para ser justo, debo admitir que los resultados a finales de 2006 corresponden a lo que en septiembre de 2005, dentro del ejercicio anual de Perspectivas Económicas del CIEN, se identificó como un escenario optimista. Sin embargo, los acontecimientos de los últimos meses han sido, sin duda, el pelo en la sopa. La quiebra de BANCAFE, el agudo faltante de efectivo a final de año, las quiebras de varias instituciones financieras, la no aprobación del presupuesto del gobierno y la aprobación con fines demagógicos de la Ley del Adulto Mayor son, entre otros, acontecimientos que empañan los resultados del año. Lo más triste de todo es que, muy posiblemente, algunos de estos acontecimientos tal vez se pudieron haber evitado o se pudieron haber manejado mejor.

No obstante estas costosas “fricciones” de final de año, no se puede dejar de mencionar como que la recuperación del ritmo de crecimiento de la economía, la disminución de la inflación y el repunte de la inversión privada fueron acontecimientos muy positivos. Lo mismo que la entrada en vigencia del DR-CAFTA, la mejora en las calificaciones de riesgo-país y ciertas reformas que mejoraron el clima de negocios. Modificaciones que representan un importante avance en la capacidad del país para atraer inversiones, promover exportaciones, generar empleo y crecimiento económico en el mediano y largo plazo.

Ahora bien, aunque la estabilidad macroeconómica y ciertas de las reformas logradas son importantes, resultan insuficientes para alcanzar las metas de crecimiento y creación de empleo que el país requiere. Y lo que es más grave, no existe garantía que el país, en el mediano plazo, no retroceda parte del camino andado. Sobre todo, dado el fuerte desgaste que han sufrido ciertas instituciones claves para el buen funcionamiento de la democracia y de la economía nacional, así como la limitada credibilidad de instituciones como el TSE, los tribunales de justicia, la Contraloría General de Cuentas y el Congreso, entre otras. A lo que se debe añadir una campaña electoral “prematura” que ha venido ha generar incertidumbre anticipada respecto del futuro político del país. En resumen, aunque el 2006 fue un buen año, nada garantiza que el 2007 lo sea. Y mucho de lo que pueda pasar, nuevamente, está en función de lo que suceda en la arena política. Sin embargo, las perspectivas económicas para el 2007 serán tema para la columna de la próxima semana.

Hugo Maul Rivas
Director del Área Económica
CIEN

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