11 junio 2007

Protección al consumidor

Hugo Maul Rivas
Director Área Económica
CIEN

“Las malas ideas económicas nunca mueren, solamente cambian de forma”. El aumento en los precios de los combustibles, los efectos directos e indirectos que conlleva, es capaz de resucitar hasta la más mala de las ideas económicas. Claro está, tan hábilmente disfrazada que confunde hasta al más experto de los expertos. Dada la multiplicidad de disfraces que tales ideas pueden tomar, y la importancia del tema subyacente, es importante recordar que detrás del mismo se encuentra el anhelo de proteger al consumidor. En nombre de la aparente posición menos ventajosa del consumidor dentro de una transacción y los supuestos abusos que se dan dentro de una economía no regulada, gobernantes y políticos llenos de (supuestas) buenas intenciones harán todo lo posible por proteger al consumidor. A pesar que tal protección implique poner en práctica ideas que se sabe bien no han dado los resultados deseados.

En términos generales, la mejor forma de proteger al consumidor es mediante una intensa competencia entre los oferentes, vendedores, dentro de un mercado. Mientras más competitivo sea un mercado, tarde o temprano, mejores tendrán que ser las condiciones que se ofrezcan al consumidor: menores precios y mejor calidad. Invariablemente, cada vez que se ha buscado proteger a los consumidores mediante regulaciones sobre las acciones de los oferentes el resultado ha sido el contrario. Las intervenciones gubernamentales que reducen la intensidad de la competencia entre los productores, que impiden la transparencia en el uso de la información dentro del mercado e impiden el adecuado funcionamiento del sistema terminan generando mercados oligopólicos y asegurando ganancias extraordinarias para los productores.

En pocas palabras, la protección al consumidor se transforma en protección al productor. Y, al igual que dijera Milton Friedman hace unos treinta años en un célebre debate acerca del tema en cuestión: “no se confundan, estoy del mismo lado que ustedes, del lado de los consumidores”. Por tanto, aunque no lo parezca, la protección al consumidor depende de mejorar el desempeño de los mercados, haciéndolos más competitivos, de generar más y mejor información, que facilite al consumidor la toma de decisiones, de garantizar el cumplimiento de los contratos y de facilitar la resolución de conflictos entre compradores y vendedores

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