12 agosto 2007

¿Debate Presidencial o Repetición?

Hugo Maul Rivas
Director Área Económica
CIEN

Es difícil resumir en tres minutos cómo resolver los problemas económicos, sociales y de seguridad del país. Más aún en un foro, que de debate tuvo muy poco, frente a miles de personas y junto a los más fuertes contendientes en la carrera. Nadie los culpa por muchas de las cuestiones que no tuvieron tiempo de explicar, tampoco por aquellas que no recordaron. Sin embargo, después de haber presenciado el debate presidencial organizado por la Asociación de Gerentes de Guatemala en su Noche Cívica, hay que reconocer que pareciera uno estar viviendo una situación que ya se había vivido antes. En el caso de esta columna, basta con revisar lo que en este mismo espacio se publicó hace cuatro años en vísperas de la anterior elección.

El 25 de agosto de 2003 esta columna se titulaba “¿Plan de Gobierno o Gobierno sin Plan?”. Situación que parece repetirse nuevamente. Las partes entrecomilladas corresponden a publicado en aquella ocasión. Juzgando por lo que dijeron durante la Noche Cívica, “todos los partidos coinciden en la necesidad de hacer cambios y… en la urgencia de los mismos. Sin embargo, lo más seguro es que ninguno de ellos sabe a ciencia cierta qué hacer”. Insistir en “soluciones simplistas, como queriendo engañarse ellos mismos, o al electorado de ser posible, es la receta para el fracaso”. En las pocas asuntos en los que todos los candidatos coinciden es en la “necesidad de hacer algo que todavía no está definido; de una manera que nadie conoce; sin saber exactamente cuando; y sin sabe con que fin. En pocas palabras, no tienen ni la menor idea del reto que tienen por delante”. Los candidatos hablan de planes de gobierno pero parece no entenderse que “un plan de gobierno tiene que ser creíble, coherente y consistente. La credibilidad exige que todas las metas que se plantean puedan ser alcanzadas…; la coherencia se refiere a que las metas planteadas no sean mutuamente excluyentes…la consistencia… que todas las metas puedan ser cumplidas… y que unas no pongan en riesgo a las otras.”

¿Por qué pareciera repetirse la historia de elecciones pasadas? Una posibilidad es que el tiempo transcurra de forma circular y los mismos acontecimientos se repitan una y otra vez. De ser así, una fuerza inexorable obligaría a todos los candidatos presidenciales a repetir lo que se ha hecho antes. Otra posibilidad es que el que escribe siempre ve lo mismo, aunque la realidad sea diferente. Otra más, que los candidatos se preparan para ganar una elección y no para gobernar un país. Y, desafortunadamente, lo primero no implica lo segundo.

06 agosto 2007

¿Aló Presidente?

Hugo Maul Rivas
Director Área Económica
CIEN

¿Manipulación de Chávez o capitalización del descontento popular? A pesar del trasfondo populista, oportunista y clientelista que tienen muchas de las medidas que Chávez promueve desde su conocido programa, no puede negarse su habilidad para sacar provecho del descontento popular con la forma tradicional de hacer política y negocios en nuestros países. Las amenazas de nacionalización, que ahora recorren el continente, son un ejemplo de como políticos como Chávez aprovechan el descontento popular. Entre falsas promesas de recibir productos y servicios “regalados”, movimientos políticos con tintes socialistas, los abusos de la posición de dominio por parte de algunas empresas y la frustración de muchos consumidores, hay razones suficientes para que los políticos “listos” intenten lucrar con esa figura. Las otrora empresas nacionales, ahora convertidas en rentables empresas privadas de capital nacional y transnacional, resultan ser el objetivo preferido de este tipo de políticas.

Mientras sea el consumidor el que pague “los platos rotos”, en forma de precios más altos, opciones limitadas o malos tratos y arbitrariedades por parte de ese tipo de empresas, es casi seguro que los políticos, como hábiles mercaderes de sentimientos, ansiedades y expectativas, utilicen cualquier excusa que les permita capitalizar en las frustraciones de la gente. Para un consumidor frustrado, que anhela un cambio, la nacionalización puede representar la esperanza que su voz sea tomada en cuenta, que sus derechos sean respetados y que las condiciones de precio y calidad sean mejores. Algo que se sabe bien no es más que una ilusión, ya que al final de cuentas ese remedio resulta peor que la enfermedad. Sin embargo, con políticos populistas de por medio debería quedar claro que hace falta mucho por hacer para limitar efectivamente el poder económico y político que han obtenido algunas de las empresas surgidas a raíz de las privatizaciones. Debería quedar clara la necesidad de promover más competencia y mayor apertura en los mercados en donde estas empresas operan, así como eliminar la posibilidad de recibir favores por parte de los gobiernos de turno.

De no darse estos cambios, y materializarse la promesa de que el consumidor es el verdadero soberano, de nada servirá quejarse después cuando algún político populista escuche la llamada de quienes están descontentos. ¿Aló Presidente?

Expectativas, realidades y la CICIG

José Raúl González Merlo
Miembro de Junta Directiva
CIEN


La CICIG es reflejo de la mediocridad que nos aqueja a todo nivel. Ante nuestra incapacidad e incompetencia para ser dignos de tener una nación, recurrimos a Naciones Unidas – ONU - para que nos saque la grave tarea del crimen y la impunidad. Estamos en la misma situación del chiriz que cree que aprenderá matemáticas porque su papá le hace la tarea…


Ojala que la CICIG llene las infladas expectativas que han creado en la población los que tan vehementemente promovieron su creación. Ojala que un puñado de funcionarios de ONU venga a hacer, en poco tiempo, lo que nosotros hemos sido incapaces de lograr. Me parece que los que apoyaron la CICIG han demostrado una gran ingenuidad engañando sistemáticamente a los ciudadanos creando expectativas inalcanzables. Las cosas no cambiarán con la CICIG por la misma razón que el patojo no aprenderá matemáticas. Ni siquiera será, como ya comenzaron a matizarlo, un “primer buen paso”. Solamente los guatemaltecos podemos cambiar nuestra realidad. Ninguna nación se ha construido haciendo outsourcing con la ONU.


El más grande experimento contemporáneo en materia de “construcción de una nación” – Iraq - con trillones de dólares gastados en 4 años ha demostrado que, sin la unidad, el valor y la participación de los ciudadanos no se logra nada. Eso es lo que nos hace falta a los guatemaltecos y tampoco lo obtendremos de la CICIG…


Es irónico que, gracias a la prensa, todos sepamos quiénes son los personajes involucrados en el crimen organizado. Obviamente, no necesitamos CICIG para conocer esa realidad. El problema es ¿qué Policía Nacional los captura, qué Ministerio Público presenta las pruebas, qué sistema judicial los condena y qué sistema penitenciario los mantiene presos impidiéndoles continuar delinquiendo? El mandato de la CICIG (recabar pruebas y hacer denuncias, entre otras), por si sólo, no cambiará realidad alguna. Quizás hasta será peor porque ahora entraremos en la zona de comfort y nunca haremos nuestra tarea.


La impunidad de Guatemala se acabará cuando se reúna un grupo suficientemente grande de ciudadanos que conjuguen su liderazgo y la oportunidad para que, desde el poder, decidan cambiar esas instituciones. Y mejorará cuando más ciudadanos participen directamente en ese cambio y tengamos la suficiente inteligencia de exigir continuidad a nuestros políticos. Así cambian las naciones: cuando sus ciudadanos asumen (no delegan) su responsabilidad. Si somos incapaces de hacer eso, tampoco seamos tan ingenuos como para creer que, de todas las instituciones del mundo, la ONU nos sacará la tarea…