Dale a las adopciones
Miembro Junta Directiva
CIEN
La semana pasada, los medios de comunicación resaltaron la molestia de “expertos” internacionales porque “desgraciadamente” ocurren aproximadamente 4,500 adopciones anuales en el país. Lejos de que ello se vea como algo de beneficio para el futuro de miles de niños, esas personas desean que esa cantidad se vea drásticamente reducida. ¿Para beneficio de quién?
Bien dice el refrán que “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”. Todos esos personajes que dicen trabajar en pro de la niñez están preocupados porque las adopciones se han convertido en un “lucrativo negocio”. Consideran que el trámite de las adopciones, y con ello el futuro de miles de niños, deberían estar en manos exclusivamente del Estado. Ese mismo Estado que ha fracasado en sus funciones más básicas sería ahora el encargado de asignar niños en adopción.
La argumentación de los que se oponen a las adopciones está plagada de envidia e incongruencias. Envidia porque, lejos de escandalizarse, deberían estar contentos al ver que miles de niños están encontrando un hogar y un futuro que jamás lograrían en sus condiciones actuales. Envidia también al ver lo que ganan los abogados y demás profesionales que se dedican a facilitar las adopciones. Pero además son incongruentes porque, si de verdad les preocupara el futuro de esos niños, los fondos que se malgastan en esa campaña contra las adopciones, deberían usarlos en poner a trabajar a su gente, sin cobrar un solo centavo, en ayudar a niños que puedan ser dados en adopción. Allí se acabó el amor y la preocupación por el futuro de la niñez. Hablar es fácil. Trabajar efectivamente es otra cosa muy diferente.
Una simple prueba de ADN puede determinar la paternidad y garantizar que el niño no es “robado”. Pero, en el fondo, no es eso lo que se quiere. Pretenden que una entidad de gobierno maneje el monopolio estatal de adopciones y, con ello, garantice que se reduzca drásticamente su número… No quieren que Guatemala ocupe el primer lugar en adopciones… Vaya ingrata victoria.
Señores “defensores de los intereses de los niños”. Pongan su dinero donde ponen la boca. Si de verdad les preocupa el futuro de los desamparados, ayuden a las adopciones. Entregarlas a un burócrata es garantizar el fracaso de dicha institución. Si, como consecuencia del activismo de estos seudo defensores de la niñez, el número de adopciones disminuye en Guatemala, ellos tendrán en su conciencia el futuro de los patojos que se quedaron inmersos en la pobreza de nuestro país.
