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03 septiembre 2007

El Feudalismo de la United Fruit Company

Mauricio Zachrisson Girón
Colaborador

Hasta 1944 fuimos un Estado dentro de una compañía extranjera.
Una banana republic con la libertad de Jonás en el vientre del monstruo.

Luís Cardoza y Aragón

A principios y mediados del siglo XX, Guatemala, la tierra de la eterna primavera como la llaman sus habitantes, vivía bajo un sistema que no permitía la modernización. Los guatemaltecos parecían estar condenados a no prosperar, estaban muy lejos de la promesa de su querida tierra. Las condiciones de vida eran malas, donde un 75.8% de la población caminaban descalzos.[1] Gobernados por dictadores corruptos y controlados por empresas extranjeras, la soberanía no estaba en manos del pueblo. Las instituciones antiguas y estáticas eran una herramienta poderosa para los dueños del país. Creaban un entorno de inestabilidad y de polarización social. No existía la democracia ni la participación popular en el gobierno. Pero este sistema cavaba su propia tumba.

Existía una gran brecha entre las clases sociales en Guatemala. Las diferencias entre los pobres y los ricos eran muy notables en términos de posesión de tierras y salarios. En el año 1950, la distribución terrestre estaba concentrada en un grupo muy pequeño de la población; 76% de los habitantes poseían menos del 10% de las tierras, mientras un 2.2% de los guatemaltecos eran dueños del 70% del terreno nacional. Veintidós personas controlaban en promedio más de 23,000 acres cada uno, mientras otras 259,169 tenían un promedio de 3.1 acres cada uno[2]. Estos eran de los pocos terratenientes guatemaltecos, ya que un 57% de los campesinos no poseían tierras.[3] Los empleados del sector comercial ganaban 16 veces más que los trabajadores del campo. El sector agrícola empleaba un 67.7% de la fuerza laboral, quienes recibían únicamente el 34% del salario nacional.[4] La mayoría de las tierras cultivadas pertenecían a empresas extranjeras. Estas mismas eran las que brindaban trabajo a la mayoría del campesinado. La empresa extranjera más grande en Guatemala era la United Fruit Company.

La United Fruit Company (UFCO) era una compañía estadounidense que se dedicaba a la producción y venta de banano. Esta compañía estaba presente en todos los países de Centro América (excepto Panamá) y algunos países del Caribe. Su sede más importante era Guatemala, donde poseía 563,000 acres de tierra, de las que sólo cultivaba 14,630.[5] Esta compañía tenía mucho control sobre la política guatemalteca, le decían El Pulpo, ya que sus tentáculos llegaban a todos los gobiernos de Centro América. En 1904 Manuel Estrada Cabrera le entregó el ferrocarril, Puerto Barrios[6], y las líneas telegráficas a la compañía[7]. Según el contrato, los guatemaltecos no le podían comprar el ferrocarril a la empresa por 99 años, hasta el año 2003. La empresa estadounidense Internacional Railways of Central América (IRCA) toma control del ferrocarril. La UFCO era accionista mayoritario de la IRCA. La compañía frutera también tenía el monopolio sobre las vías de transporte del Atlántico al Pacifico. La Empresa Eléctrica de Guatemala, S.A. originalmente de dueños alemanes, fue expropiada durante la Primera Guerra Mundial y concedida a esta compañía estadounidense. “Como culminación [de los monopolios de la United Fruit Co.], al llegar al puerto de la Frutera, en un barco de la Frutera, el guatemalteco toma el ferrocarril de la Frutera. En consecuencia, no hay modo de escapar a la ubicua compañía Frutera” (Cardoza y Aragón, 1955).

Los monopolios de la UFCO junto con el porcentaje de tierras que poseían y las influencias políticas que tenía en el gobierno crearon en Guatemala un sistema parecido al feudal en Europa entre 1050 y 1347 antes de la peste bubónica. La economía de Europa dependía de la agricultura. Las tierras eran la fuente de riqueza más importante, por lo que tenerla significaba riqueza y poder económico. Durante esta época, los terratenientes no cultivaban sus tierras, eran los campesinos que se dedicaban al cultivo, los que por lo general no poseían tierras. Los sembradores tenían que darles la siembra a los dueños de las tierras y estos les recompensaban con alimentos y algunas veces con alguna remuneración. La tercera clase social era la curia, los que por medio de la religión mantenían un orden en la sociedad[8]. Los terratenientes tenían control sobre las tierras, lo que limitaba las opciones de actividades económicas de los campesinos.

Este sistema social que predominaba en Europa entre los siglos XI al XIV tiene mucho en común con el que existía en la tierra de la eterna primavera en los años cincuentas. La economía de Guatemala, al igual que en Europa medieval, dependía de la agricultura. Este sector de la economía conformaba el 100% de las exportaciones, siendo el 75% de café, 15% de banano (93% de estas por la UFCO) y 10% del algodón, chicle, maderas, té de limón y cueros. Por lo tanto en Guatemala las tierras también formaban la mayor parte de las riquezas. Haciendo una comparación, se puede decir que los dueños de las tierras en Europa eran el equivalente al 2.2% de terratenientes en Guatemala (en especifico UFCO), los campesinos que no poseían tierras son los trabajadores del campo guatemaltecos que cultivaban, mas concreto son los 57% de campestres que no poseían tierras, y la curia de Europa es el equivalente a los dictadores que gobernaron Guatemala a finales del siglo XIX y principios del siglo XX (por ejemplo; Manuel Estrada Cabrera y Jorge Ubico).

Estos políticos fueron los que mantuvieron a la Frutera con el control de las tierras. De la misma manera que en Europa medieval los terratenientes influían mucho en la curia para mantener sus tierras, El Pulpo intervenía en la política guatemalteca para asegurar sus propiedades. La UFCO como propietaria de las tierras tenía control sobre las riquezas del país. La única forma que un trabajador de campo sin terreno pudiera sobrevivir, era trabajando para la compañía extranjera, o para otro propietario. Si un campesino terrateniente quería transportar su producto del Atlántico al Pacifico, lo tenía que hacer por medio de la IRCA. Si quería exportar o importar producto lo tenía que hacer por medio del puerto y los barcos de la bananera. Si deseaba tener energía eléctrica, enviar un telegrama o usar las estaciones de radios[9], lo tenía que hacer por medio de la Frutera. El feudalismo de la United Fruit Company no se limitaba al control de las tierras, pero se expandía a las actividades económicas más importantes de Guatemala.

La historia ha demostrado que el progreso económico y social de las sociedades va muy atado al desarrollo de conceptos de propiedad. Cuando los cazadores nómadas se convirtieron en agricultores sedentarios, hubo un cambio en el concepto de propiedad, transformándose de propiedad comunal a propiedad colectiva. Este cambio fue necesario para que existieran incentivos que hiciera sostenible la agricultura a largo plazo[10]. La evolución de la propiedad luego dio un cambio de ser colectiva a privada. Este es el sistema que existía en Guatemala durante la década de los cuarentas. En esta época pareciera que la propiedad privada estaba evitando el progreso en vez de promoverlo. United Fruit Company solo cultivaba el 2.6% de sus tierras y el 60% del terreno nacional no estaba siendo cultivado, limitando la oferta disponible para producción, mientras la cantidad de campesinos dispuestos a trabajar en terreno ajeno era muy alta. La tierra por ser necesaria para cultivar y existiendo poca oferta tenía un precio muy alto. La cantidad de trabajadores disponibles era mayor a la requerida para cultivar, por lo que el salario era muy bajo.

El desarrollo económico y social por lo tanto no depende únicamente de la institución de la propiedad, pero también de la posibilidad de distribución de la misma.

Carlos Sabino en su libro Guatemala, la historia silenciosa,(páginas 165-171) argumenta que la distribución de las tierras no tiene efecto sobre el desarrollo económico debido a que siempre existirá desigualdad de propiedad y que las tierras que están sin cultivar es porque no es rentable cultivarlas, por lo que otorgárselas a los campesinos no brinde beneficio alguno. Ludwig von Mises también expone lo mismo en Teoría e historia: Una interpretación de la evolución social y económica. En la pagina 357 dice que “la idea de la igual distribución de la tierra es una perniciosa ilusión. Su puesta en practica hundiría a la humanidad en la miseria y el hambre y destruiría la civilización misma.” Este análisis es inadecuado debido a que en Guatemala durante las décadas de los cuarentas y cincuentas, la UFCO, otras empresas e individuos tenían contratos gubernamentales donde se establecía que no podían estar a la venta las tierras que se les otorgaron. Esta es también una razón por la cual la Frutera tenía 97% de sus tierras en ocio. Esto destruye la posibilidad del cálculo económico ya que no existe un precio para esas tierras, por lo que sí interfiere con el desarrollo económico.

En Guatemala el progreso era muy difícil, ya que aunque existía la propiedad privada, estaba en manos de unos pocos, que por contrato gubernamental no estaban a la venta[11]. La UFCO tenía control de las tierras, pero también tenían privilegios otorgados por el gobierno que aumentaba el precio de estas, lo que hacia más difícil la distribución terrenal entre la población. De igual manera el monopolio que tenía esta compañía sobre los servicios en el país estaba protegido por el Etado, como el ferrocarril, lo que volvía imposible la entrada de competencia en servicios. Esto mantenía el precio de los servicios altos. Los campesinos por lo tanto tenían un ingreso bajo y los factores de producción eran inaccesibles o tenían un precio alto, limitando así la posibilidad de que los trabajadores de campo progresaran.

Durante principios y mediados del siglo XX, existían pocas fuerzas sociales en Guatemala; los campesino, las empresas extranjeras (UFCO)[12] y los políticos. Samuel Hungtington explica que sucede en un país subdesarrollado con esta característica. Dice que “en una sociedad en la que sóo conviven unas pocas fuerzas sociales, un grupo – guerreros, sacerdotes, una familia determinada, un grupo étnico o racial – puede dominar a los otros e inducirlos eficazmente a aceptar su autoridad[13].” En el caso de Guatemala, El Pulpo fue esta fuerza social que logro dominar a los otros grupos.

El sistema que prevaleció en Guatemala entre 1900 – 1944 fue de un feudalismo controlado por la United Fruit Company. Un entorno donde existía propiedad privada, pero esta no fomentaba el progreso ni el desarrollo. Los guatemaltecos vivían en un país donde la soberanía estaba en manos de las empresas extranjeras. Estas personas que controlaban la tierra de la eterna primavera estaban manteniendo tranquila a una fuerza que estaba por rebelarse. Este sistema no fue estable a largo plazo. Después de 1944, se dan cambios drásticos por el pueblo que cambia la historia de Guatemala. “Hasta 1944 fuimos un Estado dentro de una compañía extranjera. Una banana republic con la libertad de Jonás en el vientre del monstruo[14]” (Cardoza y Aragón).

Bibliografía

Cardoza Y Aragón, Luís. La Revolución Guatemalteca. 2nd ed. México: Talleres De Ediciones Don Quijote, S.A., 1994.

Huntington, Samuel P. El Orden Político En Las Sociedades En Cambio. Ediciones Paidos Ibérica, 2003.

Perkins, John. Confessions of an Economic Hit Man. Penguin Group. 2006.

Gottfried, Robert. 1985. The Black Death: Natural and human disaster in medieval Europe. New York, NY: Free Press.

North, Douglas and Thomas, Robert P. The First Economic Revolution. The Economic History Review, 1997.

Schlesinger, Stephen and Kinzer, Stephen. Bitter Fruit: The untold store of the American Coup in Guatemala. Doubleday & Company, Inc. 1982.

El Mes económico y Financiero. Guatemala 20 de Marzo, 1950.

James, Daniel. Red Design for the Amercias: Guatemalan Pelude. 1954



[1] “El Mes económico y Financiero”, Guatemala 20 de Marzo, 1950.

[2] Un kilómetro cuadrado es igual a 247.105 acres

[3] Luís Cardoza y Aragón, “La Revolución Guatemalteca”, 1955. Pagina 98-99

[4] “El Mes económico y Financiero”, Guatemala 20 de Marzo, 1950.

[5] Daniel James, “Red Design for the Americas: Guatemalan Pelude”, 1954 paginas 162 – 163. Basados en datos de The United Fruit Company: “Datos de la Compañía Agrícola de Guatemala y la United Fruit Company del año 1953.” Estos datos incrementaron en años siguientes.

[6] Al entregarles el ferrocarril y Puerto Barrios, les entrego los monopolios protegidos gubernamentalmente sobre el único ferrocarril y puerto en Guatemala

[7] “Bitter Fruit”, Stephen Schlesinger and Stephen Kinzer, 1982. Pagina 67.

[8] Gottfried, Robert. “The Black Death: Natural and Human Disasters in Medieval Europe”, 1985. Sobre mas información sobre la situación demográfica, económica, política y social de Europa de 1050 – 1347, ver capitulo 2.

[9] La UFCO también tenía el monopolio sobre las frecuencias de radio y los servicios radiotelefónicos internacionales. Eran dueños de Tropical Radio y de Telegraph Company. tenían un gran control sobre la oferta, cerraban sus servicios inclusivamente hasta al gobierno a las ocho de la noche, cuando todavía había gente demandando los servicios. (Cordoza y Aragón, 1955).

[10] Douglas North and Robert Paul Thomas, “The First Economic Revolution”, The Economic History Review, 1997. Pagina 234-236

[11] Luís Cardoza y Aragón, “La Revolución Guatemalteca”, 1955. Pagina 35

[12] La United Fruit Company fue en todo momento respaldado por el gobierno de los Estados Unidos de América. En los años después de la revolución del ’44 logra ver el control que UFCO tenía no solo en el gobierno de Guatemala, pero también en el gobierno de los Estados Unidos de América.

[13] Samuel Huntington, “El orden político en las sociedades en cambio”, 2003. Pagina 20.

[14] Luís Cardoza y Aragón, “La Revolución Guatemalteca”, 1955. Pagina 19

20 agosto 2007

Sobre el estado de la República

Javier Calderón
Colaborador

A pesar de no ser un seguidor de Manuel Ayau, debo reconocer que algo de lo que dijo en una entrevista que le hiciera El Periódico me llamó mucho la atención:

“Mientras el sistema sea el mismo, no podemos esperar nada distinto. (...) Locura es seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes”.

Lo cierto es que el actual proceso electoral se diferencia en poco a los anteriores. Los votantes siguen creyendo que votar por un presidente es más importante que votar por un diputado; la elección de los candidatos a lo interno de los partidos políticos sigue siendo una cuestión de dinero y lealtad personal y no una elección popular que genere un vínculo o contrato social entre los candidatos y sus seguidores; después del 9/11, igual que en Estados Unidos, las torres de ofrecimientos de los candidatos probablemente se van a convertir en polvo, excepto para aquellos que les pagaron el espacio. El próximo año el ciudadano común, totalmente desinteresado por la cosa pública, pilar de cualquier gobierno republicano y democrático, va a seguir esperando que algún día llegue un presidente tan bondadoso, cual Rey Ricardo Corazón de León, que lo saque de sus problemas y sino, por lo menos lo puede criticar. Como si solo criticar a las autoridades públicas lo expiara de su propia falta de participación y desinterés en aquellas cosas que le afectan directamente.

En la medida en que el sistema político por medio del cual elegimos y controlamos a nuestras autoridades públicas siga siendo el mismo, la exclusión de la mayoría de guatemaltecos seguirá siendo la misma; la arbitrariedad de las autoridades públicas, sujetas a los intereses de los que pagaron el espacio seguirá siendo la misma; la constante conflictividad entre grupos y sectores sociales y el Estado seguirá siendo la misma; la debilidad del Estado seguirá siendo la misma.

Y es que pareciera que los guatemaltecos no nos damos cuenta de la importancia de la política, del Estado y de tomar parte en la toma de decisiones públicas. Es el ámbito político el que genera los marcos y condiciones políticas y legales necesarias para la paz social y el desarrollo económico de cualquier sociedad y de cualquier Estado moderno; o que genera todo lo contrario, un marco político y legal directamente causante de la tensión social y el subdesarrollo económico.

Las civilizaciones más importantes de nuestra historia –Grecia, Roma y Estados Unidos- y que han alcanzado periodos prolongados de paz y desarrollo se han caracterizado por su respeto a la Libertad; pero esta Libertad fue garantizada por un Estado fuerte, capaz de brindar seguridad y justicia necesarias para la paz social y el desarrollo económico, pero también representativo y “balanceado”, en donde el mayor número de ciudadanos y la mayor riqueza de algunos de ellos estaban representadas y contrapesadas para evitar los excesos y las arbitrariedades de cada uno en el manejo de la cosa pública, la res pública.

Después de 21 años de existencia el sistema político guatemalteco sigue siendo corrupto, incapaz de brindar seguridad y justicia efectiva a toda la población, excluyente de los pobres, campesinos e indígenas y arbitrario en el manejo de la cosa pública –seguridad, justicia, economía, salud, etc.--. ¿Como podemos esperar que los avances económicos y la paz social se mantengan en un sistema que permite la arbitrariedad de las autoridades de turno y la corrupción de la base ejecutiva del Estado-la burocracia-?

Si bien parece que el próximo Gobierno y Legislatura no serán tan malos como son los de Venezuela o Ecuador, tampoco creo que el sistema político actual permita cambios radicales para mejorar al país de una forma vertiginosa. Más bien se avizora, de seguir el desinterés general de la mayoría de guatemaltecos por la política, la continuación de una inercia social que nos hace esperar “a ver que pasa” y no una dinámica social que nos lleve a un cambio sustantivo que nos acerque más al camino de la felicidad –paz y desarrollo-.

03 junio 2007

Servicio Civil: Tema Olvidado

Hugo Maul Rivas
Director Área Económica
CIEN

Menos del 40% de todos los puestos dentro del sector público requieren de habilidades técnicas, profesionales o gerenciales. Poco más del 5% de las plazas autorizadas requieren de titulación universitaria (pre-grado) y ninguna requiere de especializaciones de post-grado. Menos del 2% de todos los servidores públicos cuenta con un título a nivel de maestría. Casi el 20% de todos los nombramientos dentro del servicio civil obedecen a designaciones políticas. Y, por supuesto, más del 85% de las personas en puestos gerenciales dentro del gobierno son removidos cada cuatro años. Para más detalles, visitar la página http://unpan1.un.org/intradocgroups/public/documents/CLAD/

clad0047408.pdf.

A pesar de estos indicadores, casi todo el debate al respecto se reduce a un asunto de “conquistas laborales” y de mayores niveles salariales. Sin ser experto en el tema, me parece que el problema de fondo no es ese. La experiencia de Taiwán y su servicio civil parece indicar que un elemento esencial detrás de toda reforma es la introducción de exámenes de aptitud para quienes deseen ingresar al servicio civil. Es tan importante esto en Taiwán que hasta un poder del Estado tienen a cargo del asunto (Examination Yuan). La aprobación de estos exámenes es un asunto tan serio que requiere varios años de estudio y dedicación por parte de quienes aspiran a ingresar al servicio civil.

Si a lo anterior se le suman los incentivos correctos, la posibilidad de planeación a largo plazo y límites estrictos a la discrecionalidad de los funcionarios, es bastante factible que gradualmente se consolide una tecnocracia capaz de hacer que funcione adecuadamente el gobierno. Capaz de poner en práctica políticas de estado, no simplemente políticas de gobierno, las cuales cada cuatro años cambian de rumbo. En lugar de que cada cuatro años lleguen nuevos equipos a “aprender” como funciona la cosa pública, un servicio civil fortalecido no sólo permitiría la continuidad de las políticas sino la estabilidad institucional del sector público. Asunto que, según recuerdo, debería ser del interés de todos, salvo de los anarco-capitalistas y anarco-comunistas que sueñan con la abolición del Estado. En nuestro caso, mientras no cambien las características e incentivos que rigen dentro del servicio civil, es casi imposible que el gobierno cumpla sus funciones de manera efectiva y eficiente. Ya sea que tales funciones sean mínimas o ultra-mínimas, como anhelan unos, o máximas o ultra-máximas, como anhelan otros.

02 febrero 2007

Exorcismo de los Conceptos Políticos Guatemaltecos

Lisardo Bolaños Fletes
Investigador Asociado
CIEN

El siguiente artículo fue presentado en el Seminario Permanente Konrad Adenauer en el tema "Bienestar individual, bienestar social". El autor participó junto con Gustavo Porras Castejón. El Seminario se realizó en la Universidad Rafael Landívar y fue convocado por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, IDIES.

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1. Exorcismo del Estado y del Mercado

Entre los objetivos del Seminario Permanente Konrad Adenauer se habla de “determinar si los principios de la Economía Social de Mercado son válidos para basar en ellos el crecimiento económico de una sociedad como Guatemala”. Este es uno de los objetivos que nos trae el día de hoy a discutir sobre “Bienestar individual y bienestar social”.

Miro este objetivo y miro a mí alrededor. La escena intelectual y mediática guatemalteca adoran las soluciones sencillas entre el Mercado, el Estado, o un híbrido lleno de parches. Y para justificar su adhesión a cualquiera de estas fórmulas, hablan de bienes públicos y privados, o de bienestar individual o social o cualquier otra fórmula. Siempre justifican su elección, pero nunca realizan un análisis crítico de su propia elección. Estas soluciones provienen de usar marcos conceptuales donde suponen que contamos con la misma cultura, instituciones y equilibrios políticos como aquellos en Estados Unidos, Irlanda, Alemania o Noruega. Pero esto NO es real. Resulta que estamos en Guatemala, ante múltiples culturas en constante hibridación; instituciones frágiles; y equilibrios políticos débiles y algunos por nacer.

En todo caso, nuestra discusión debiera de partir de una serie de hechos que solemos ignorar:

  • En Guatemala no existe un Estado moderno. Esto tiene dos significados:
    • En la ciudad Capital, donde sí existe el Estado de Guatemala, es un obstáculo. Claro, hay caminos mal pavimentados; aceras incaminables; policías pero no seguridad; tribunales pero no justicia. Además, el sistema tributario es complejo; igual que la legislación laboral.
    • El otro significado es que más allá del kilómetro 20, el Estado de Guatemala deja de existir. Y si existe, es una comisaría en la que la gente desconfía; o es una dependencia de la SAT encargada de cobrar impuestos. Claro, está el edificio de tribunales, tan imponente en Quetzaltenango, pero más allá del cemento y el pago de salarios, allí no hay una institución real enfocada en justicia.
  • En Guatemala no existe un Mercado moderno. ¿Cómo podría serlo si muy pocos pueden usar el sistema de justicia para exigir el cumplimiento de contratos, permitiendo que algunos empresarios engañen a los consumidores; o evitando que muchos buenos empresarios generen mayores beneficios? ¿Cómo podría serlo si es necesaria la integración vertical y horizontal para diluir los altos costos de la inseguridad; y por la depreciación vehicular y la baja rotación vehicular producto del diseño de nuestra infraestructura, puertos y aeropuertos? ¿Cómo podría serlo, si a los niños se les enseña a ser trabajadores sin criterio, sin imaginación, sin deseos de tomar riesgos? ¿Cómo podría serlo si la informalidad laboral es del 75%, debido a una legislación laboral que sigue pensando en que se deben generar obreros, y debido a que todos los beneficios que dice generar son ilusorios y muy pocos se benefician pero muchos los pagan? ¿Cómo podría serlo, si es costoso convertirse en formal, la mayoría de las instituciones del Estado están en la Capital y estas instituciones son ineficientes? Claro que existe una importante desigualdad económica en Guatemala, pero allí sólo estamos señalando el efecto y no el origen. El verdadero problema es que la mayoría de ciudadanos guatemaltecos no tienen acceso a las instituciones anteriores, ¿cómo quieren entonces que incrementen su bienestar?

2. Exorcismo del Estado de Bienestar y de Amartya Sen

Pensar en soluciones a partir de cualquiera de los elementos Estado y Mercado resulta, a mis ojos, un ejercicio irresponsable e ingenuo. Por eso, pensar en privatizaciones o estatizaciones o concesiones o empresas de participación público-privado o Leyes de Competencia parecen recomendaciones fuera de lugar. Hay que exorcizar nuestras categorías, porque todas las anteriores siempre suponen un Estado o un Mercado que no es real en Guatemala.

Lo anteriOr también debe criticarse respecto a la Economía Social de Mercado. ¿Por qué el juntar un Estado y un Mercado tan débiles va a generar un resultado extraordinario? ¿No será que, dadas las deficiencias en el sistema de justicia, la falta transparencia y de rendición de cuentas, vamos a terminar con un Estado y un Mercado mucho más corrompidos, si ambos se unen? ¿Qué lo evitaría? ¿Dónde está esa voluntad política? ¿Dónde están esos controles? ¿Dónde está la tecnocracia necesaria? ¿Dónde están está ese gran movimiento ciudadano educado que se necesitaría? ¿No tendríamos que tener primero un Estado y un Mercado moderno?

Otro exorcismo que debe realizarse respecto al Estado de Bienestar es el relativo a su fundamento moral. En una de las lecturas asignadas se menciona la Parábola del Buen Samaritano como fundamento ético del Estado de Bienestar, porque el Buen Samaritano socorre y se solidariza con el que sufre. Lo hermoso de las parábolas es que tienen muchos más sentidos de los que uno percibe al principio, y dado que reconozco el carácter cuestionable de las enseñanzas cristianas, puedo discutir sobre lo que significa dicha Parábola. Creo que existe una diferencia sustancial entre el Buen Samaritano y el Estado de Bienestar. El samaritano ayuda y lo hace con sus propios recursos; no anda haciendo caridad con dinero ajeno. Por su parte, el Estado de Bienestar, personificado por sus políticos, habla de hacer caridad, pero con el dinero de otros. Además, cuando uno analiza el impacto de dicha caridad, realmente lo que significa es hacer inútil a ciudadanos. El Estado de Bienestar dice: eres incapaz para cuidarte, yo tomaré las decisiones para tu bienestar. Destruye su autonomía, su dignidad. El colmo es que he oído a demasiados europeos comentar que el “hermoso Estado de Bienestar”, en lugar de promover la dichosa solidaridad, ha generado europeos egoístas, porque como el Gobierno lo hace todo, han aprendido que no deben preocuparse por los demás, ni de sus padres, ni de sus vecinos. No sólo promueve la generación de inútiles, sino también de egoístas.

Por otro lado, el abordaje que realiza Amartya Sen es importante, pero al igual que las ideas de Estado, el Mercado y el Estado de Bienestar, resultan fantasmales para Guatemala. Tienen que pasar por un proceso de crítica para que podamos encontrar aportes. Una crítica práctica, hablaría de lo poco creíble que sería la promesa de que el Estado de Guatemala va a estar en la capacidad de implementar programas de mejoramiento de las “capacidades” de los guatemaltecos, cuando ha sido el mismo Estado el que se ha comprometido con otros muchos programas en el gasto social y no ha logrado avances importantes. ¿Cuántos de ustedes han visto los Proyectos de Presupuesto? ¿Qué piensan sobre las metas que establecen; los insumos que asignan; los controles que garantizan el uso efectivo de recursos; los incentivos para que los burócratas y funcionarios actúen debidamente; la transparencia de todo el proceso; el enjuiciamiento de los responsables? Y finalmente, ¿qué tanto se adapta los métodos y las metas a lo que la población quiere?

Si hablamos de bienestar y capacidades, en los últimos 50 años han tenido más impacto los empresarios informales e inmigrantes guatemaltecos en Estados Unidos que todos los burócratas y funcionarios guatemaltecos con sus programas de reducción de la pobreza y promoción productiva. Pensando en esta último, yo prefiero una crítica enfocada en que lo importante es abogar por impulsar las capacidades que ellos ya tienen pero que no pueden ejercer completamente, porque hasta ahora el mismo Estado no les ha permitido usarlas. Desde un vendedor de sombreros en el mercado de La Democracia en Quetzaltenango, hasta un vendedor de uvas a la orilla de la carretera hacia Zacapa, o una mujer indígena vendedora de tomates frente a la SAT en Sololá. TODOS ELLOS son grandes empresarios, toman riesgos, trabajan arduamente desde muy temprano en la madrugada, hasta muy tarde en la noche, y todavía, tras el ajetreo del trabajo, deben regresar a sus hogares y cumplir con sus labores familiares.

Ellos deben soportar todos los días que ni la Municipalidad ni el Gobierno Central hayan invertido adecuadamente en su localidad, así que no cuenta con buenos caminos, acceso a agua potable y drenajes, calles y mercados limpios y ordenados. Carecen también de seguridad para su familia y sus mercancías, de allí que frecuentemente afronten robos y deban invertir sus recursos en seguridad, en lugar de mejorar el negocio. Tampoco han contado con un sistema de justicia que les permita resolver problemas con los clientes, con los proveedores; que les permita establecer asociaciones en donde los líderes no se van a robar los aportes y sí van a colaborar en torno a los objetos propuestos por la misma asociación. Para ellos, el Estado guatemalteco significa: persecución por parte de la SAT; expulsión por parte de la Municipalidad; robo por parte de la policía; injusticia por parte de los tribunales; promesas incumplidas por parte de todos los políticos.

Hablemos, entonces, de estas capacidades que efectivamente tienen, pero no pueden ejercer. Muchos de ellos pueden, por si mismos, incrementar su nivel de vida. Lo han estado haciendo durante ya muchos años. Resuelven ellos mismos la provisión de bienes públicos y privados. Pero no logran resolver todos sus problemas ya que el Estado, y aquí no hablo del fantasma de las teorías europeas y americanas sino del Estado guatemalteco, se convierte en un obstáculo importante para que mejoren. Un obstáculo porque existe demasiado Estado en algunas cosas (como procesos burocráticos), pero muy poco Estado en lo demás (como justicia y seguridad).

3. Exorcismo de Napoleón y de nuestro ideal de Estado moderno

Llevamos 200 años en los cuales la autoridad ha intentado hacer de Guatemala una sociedad moderna. El problema ha sido que siempre hemos intentado una modernidad foránea que NO nos pertenece. Miramos hacia fuera como si allí estuvieran las respuestas a quiénes somos, qué deseamos y a dónde queremos llegar. Esta es una tarea perdida. No podemos negar que estamos inscritos en Occidente, pero tampoco somos Alemania. Nos queremos creer y crear una sociedad postmoderna cuando aun seguimos siendo premodernos para muchas cosas y ni la ficción que llamamos Estado, ni la ficción que somos nosotros como ciudadanos están en capacidad para dar ese brinco.

Y es todo este deseo de reforma, ese deseo de los políticos de ser Napoleón donde inician los problemas. Nosotros, encargados de discutir, proponer e implementar políticas, solemos ver a los pequeños empresarios informales como pobres y excluidos, y creemos que para mejorar su situación no tienen más opción que NUESTRAS decisiones y NUESTROS sueños sobre lo que es una buena sociedad y un buen ciudadano. El problema es que nosotros creemos que ellos deben adaptarse a nuestros grandes sistemas, grandes monstruos teóricos y burocráticos, que después no podemos implementar, y que sólo beneficia a la burocracia.

Los inútiles hemos sido nosotros, que no hemos aprendido de los ciudadanos de la calle, del mercado, de las comunidades. Ellos logran generar sistemas para coordinarse, para definir su propiedad, para crear riqueza, pero cada vez que viene una “Gran Revolución de la Autoridad” o ahora, cada “Gobierno”, queremos trastocarlos, romperlos, modificarlos, ignorarlos e IMPONER aquello que descubrimos como “lo mejor del Universo”, porque lo leímos en un libro o lo fuimos a ver a Luxemburgo.

Seguimos empeñados en esa idea de Estado centralizado, con una guía clara, con un proyecto. No niego que Guatemala aun necesita algunas reformas napoleónicas. Especialmente en lo que se refiere a crear autoridad y reformular el sistema político, jurídico y administrativo. Pero no para centralizar más un sistema inútil, sino para formular, desde lo local, a las autoridades. Renovarlo hacia donde las personas sí pueden tener control y dónde sí pueden cambiar rápidamente las reformas inútiles y beneficiarse de las buenas reformas. Porque el problema del dichoso Estado moderno no sólo es el problema de la imposibilidad de obtener la información necesaria, o el problema de los incentivos para generar burócratas eficientes. Los problemas fundamentales parecen surgir de la falta de legitimidad de las normas, lo inadecuado de las mismas y lo complicado para reformar las malas políticas y mantener las buenas.

4. Ideas sobre una eventual reforma: superando el Estado de abono

Mi labor de exorcismo ha sido el de vaciar palabras del léxico político de contenidos impropios a nuestro entorno. No podemos ignorar la idea de autoridad y de empresarialidad, debemos construir a partir de ellas. Pero no podemos hacerlo, si seguimos empleando palabras como Estado, Mercado y Estado de Bienestar como si fuéramos alemanes en Berlín. Estas tienen ya unas cargas semánticas que las hacen inútiles en nuestra realidad. Por eso, debido a que la autoridad y la empresarialidad resultan importantes, me permití hacer un exorcismo lingüístico y político, para que podamos empezar a pensar y hacer buenas políticas públicas.

A continuación propongo algunas ideas sobre la forma de una eventual reforma. Los contenidos, las formas específicas de implementarse y los beneficios que implican debieran decidirse por los involucrados. A mi me interesa exponer temas, no pretendo dar soluciones definitivas. Debemos recordar que el fantasma napoleónico suele rondar en las conclusiones y recomendaciones de los documentos.

Si vamos a pensar en mejorar la situación de la gente, sería un error iniciar pensando que “mejorar su situación” implica hacerla igual a la que a nosotros nos gustaría que fuera. Por lo mismo, hay que darles más voz a las personas para que decidan sobre su propia situación. Y esto debe hacerse bien, porque la experiencia reciente muestra que todo termina volviéndose un show político en manos de las multinacionales, el Presidente, los grupos ecologistas y la Iglesia Católica. Ojo, que no mencioné a la población de estas comunidades. En el tema de las minas e hidroeléctricas se han realizado referendums como una propuesta para tomar en cuenta a la población, pero estas medidas son inadecuadas. Para mí, estos referendums son un juego político donde la comunidad es la víctima. ¿Acaso todas las minas o hidroeléctricas son el infierno o el cielo? ¿Acaso no hay opciones intermedias? ¿Acaso estas comunidades sólo pueden obtener los beneficios que los otros bandos decidan o sugieran? ¿Acaso no hay otros beneficios?

¿Por qué no pensamos en asignar derechos de propiedad del subsuelo a estas comunidades? Esto sí sería poder de decisión. El Estado no tendría posibilidad de tomar decisiones sobre la vida de estas personas con tal de obtener regalías. Y si a estas comunidades les conviene vender, pues venderán, y si no les conviene, pues no lo harán. Lo importante es que ellos tomarán su decisión y obtendrán los beneficios y costos de la misma, y no será el producto de lo que decida el señor Presidente de la República junto con el señor Presidente de la Conferencia Episcopal.

La reforma tendría que ir orientada al tema de generar beneficios. Seguridad, justicia, infraestructura, mejores leyes tributarias y laborales. Permitir que la misma gente se genere su bienestar, no complicárselo. Uno podría pensar que todo esto se puede realizar de forma secundaria a las “políticas sociales”. Yo demando que las herramientas institucionales para el desarrollo personal y comunitario sean una prioridad. Los argumentos en contra, a mi parecer, son la justificación del político, porque para él es mucho más sencillo generar programas para entregar abono, dar tierras, otorgar crédito barato (sinónimo de regalar dinero de contribuyentes) y construir hospitales y escuelas (que luego no se logran organizar), que darle a los ciudadanos las herramientas institucionales para que ellos se superen y no dependan de los políticos. Hay que romper el ciclo del abono. Para los políticos es más fácil dar abono, no hay duda de eso; es hora de que eso cambie. Necesitamos un Estado que provea instituciones para que los ciudadanos puedan hacer uso de su inventiva para proveerse bienes privados, y para que puedan organizarse en sus propias comunidades o grupos para proveerse bienes públicos.

En cuanto a la solidaridad, yo no niego su importancia, pero si se va a hablar de la misma, hay que pensarla lo más local que sea posible. Mientras más alejada es la misma, la gente no percibe cuando empieza a dañar la autonomía de la otra persona. Pero eventos como Mitch o Stan reclaman posturas distintas, recordando que es prioritaria la transparencia y la rendición de cuentas para evitar el abuso de las autoridades locales y nacionales.

Asimismo, en el ánimo de rescatar la idea del Estado de gran escala, debo reconocer que habrá temas en los cuales la decisión local es muy pobre. Hay problemas como la violencia organizada que necesitan ser contrarrestados con medidas de una mayor escala. Hoy la violencia producto de las maras reclama acciones enérgicas y evaluar todas las aristas del problema. Incluso, evaluar nuestras categorías de análisis. Si la drogadicción va en contra de nuestra visión ética del mundo, ¿acaso la prohibición de los narcóticos es la única solución que existe? ¿No será que es esta prohibición la principal culpable de la violencia de las maras, en su deseo por acaparar territorios de venta de droga?

Aunque he hablado de algunos derroteros, creo que lo importante es el exorcismo que uno debe generar de sus categorías de análisis. El Estado, el Mercado, el Estado de Bienestar, nuestra añoranza de un Napoleón reformador… todos esos fantasmas debieran empezar a superarse. .

Un último exorcismo que debe realizar es el de pensar que existe por allí alguien con potencial para ser Presidente de la República y resolver nuestros problemas. Yo creo que no importa quién llegue a la presidencia, en Guatemala no se logrará ningún avance importante si seguimos pensando en hacer políticas públicas desde la zona 1 y sin legitimidad alguna, por mas votos que obtenga. Hay que darle participación a la gente. Hay que adaptar el Estado de Guatemala a la forma de los guatemaltecos y no al revés. Debemos empezar por permitirles, garantizarles y apoyarlos en la generación de sus propios bienes privados y públicos.

Abogo por destruir la idea de un Estado que distribuye abono, en todos los sentidos de la palabra. Yo propongo un Estado que provea herramientas institucionales para el desarrollo personal y grupal.

A mi juicio, es aquel que garantiza la seguridad de los ciudadanos y sus bienes ante amenazas internas y externas; justicia en términos penales, civiles y mercantiles; y que cuenta con mecanismos de transparencia y rendición de cuenta de sus autoridades electas mediante mecanismos democráticos. También cuenta con procesos transparentes que le permiten a la población ser oída y tomada en cuenta con respecto a sus peticiones.

Un mercado que funcione principalmente con transacciones impersonales, gracias a que cuenta con las instituciones adecuadas para su funcionamiento (contratos, tribunales). También se caracteriza por estar sujeto a constante competencia interna y externa, continuos procesos de innovación y creación destructiva.