04 agosto 2008

¿Locura Tributaria?

Hugo Maul Rivas
Director Área Económica
CIEN

Para muchos lo más urgente es aumentar la carga tributaria. No importa que el gasto público no llegue a quien más lo necesita; que no responda a las principales prioridades del país; o que no existan suficientes y adecuados controles para garantizar su buen uso. Lo importante es que el gobierno tenga mayores recursos a su disposición, la forma en que éstos se gasten es una cuestión que viene después. Para otros muchos, dentro de los cuales me incluyo, el asunto es completamente al revés. Mientras no mejore la forma en el gobierno gasta los recursos que ya tiene a su disposición, no tiene mucha justificación inyectar más recursos a un sistema que no funciona como debería.

¿Cuál de los dos posiciones está en lo correcto? La verdad, no importa. Una bien estructurada maquinaria de fabricación de verdad ha hecho del aumento de la carga tributaria la “forma más sencilla para determinar, sin dar explicación alguna, lo correcto y lo deseable” en temas fiscales y de desarrollo. El aumento de la carga tributaria se ha convertido en “una medida despótica contra la cual se juzga” casi toda propuesta de quien dice preocuparse por el bienestar de los guatemaltecos. Oponerse al aumento a la carga tributaria se ha convertido en un sinónimo de oscurantismo, mala fe, avaricia e, incluso, locura. Para quienes creen que el desarrollo del país pasa por masivas y activas intervenciones del gobierno, hacer ver una alta carga tributaria como “lo normal” es algo muy importante, en caso contrario sería muy “difícil manipular… perdón, convencer” a los contribuyentes de que pagando más están siendo solidarios con los más necesitados. Al final de cuentas, lo importante es que el comprenda que no tiene derecho alguno a … rebelarse contra lo que está escrito”. Su obligación es pagar y callar, no cuestionar.

Unir los conceptos de la locura y lo tributario no es una casualidad. Al contrario, es una forma de resaltar cómo funcionan los sistemas de significación dentro del discurso económico. Sin embargo, dichos sistema de significación cobran mucha mayor importancia en otras dimensiones del ser humano. La locura y la normalidad, por ejemplo. Los fragmentos entre comillas corresponden a un monólogo acerca de la locura escrito por el autor de esta columna. El mismo será parte de la puesta en escena de las obras de teatro experimental “Lily Monster” y “Alicia en el País de las Maravillas”. Los interesados están invitados al teatro del IGA todos los martes por la noche de este mes. Más información en http://aquelarreteatrocontemporaneo.blogspot.com/.

27 julio 2008

¿Para qué subir la tasa de interés?

José Raúl González Merlo
Miembro de Junta Directiva
CIEN


La Junta Monetaria – JM - lo hizo de nuevo. La semana pasada volvió a subir la “tasa líder” en 0.5% para ubicarla en 7.25%. El Banco de Guatemala pretende enviar la señal a los “agentes económicos” que combatirá la inflación (que ya va por un ritmo de 13.5% anual) a cualquier costo. Sin embargo, encarecer el precio del crédito hará que el remedio nos salga peor que la enfermedad.

La misión del Banguat es buscar “estabilidad de precios”. Ingrata misión en estos dorados tiempos donde el aumento en el índice de precios está directamente ligado a un contexto internacional fuera del control del banco central. Tampoco es que no tengan la “cola machucada”. El año pasado experimentamos un importante crecimiento del crédito y, era de esperarse, que ese aumento en la liquidez, tarde o temprano, se reflejara en inflación. “A lo hecho pecho” - dice el refrán. Lo más importante es ya no agravar la situación.

Pero eso es lo que el Banguat está provocando. Entre enero y junio de este año, el costo financiero promedio ha subido en un 10%. De seguir con esta tendencia, llegarán a encarecer el crédito en un 20% a fin de año. ¿Qué lograremos con eso? Yo creo que, difícilmente, se controlará la inflación a menos que, simultáneamente haya una importante caída en los precios internacionales del petróleo y alimentos. Pero, como eso no está en manos del Banguat, lo que sí ocurrirá es que le complicarán la vida a los usuarios de crédito.

Los proyectos de inversión marginales (los que más dependen de la tasa de interés para ser viables) se dejaran de ejecutar. Con ello, se reducirá el potencial crecimiento económico y la generación de nuevos empleos. Las empresas marginales, aquellas que estén a punto de no poder pagar los intereses, incumplirán en sus créditos y quebrarán. Finalmente, los consumidores marginales tampoco podrán cumplir con sus cuotas y quedarán morosos. Todo esto redundará en una menor tasa de crecimiento y en un deterioro de la cartera de los bancos. ¿Es eso lo que queremos?

Las autoridades del Banguat le dirán, obviamente, que eso no es lo que están buscando; aunque reconocerían que ese es un riesgo que están asumiendo al seguir esta política. Allí es donde, justamente, “el caldo nos saldrá más caro que los frijoles”. Mientras el Banguat continúa creyendo que puede bajar la inflación, lo que hará es provocar una desaceleración económica. Es decir, causar más desempleo y quiebras de empresas.

Las autoridades de la Junta Monetaria deberían entender que dos errores no provocan un acierto. Si inflaron la liquidez el año pasado y estamos pagando ese precio; provocar un aumento en la tasa de interés nos dejará peor: con inflación y recesión… Es un caso típico de que el remedio es peor que la enfermedad. La Junta Monetaria debe recapacitar.

Empresarios y Civismo

Hugo Maul Rivas
Director Área Económica
CIEN

Quien espere que el gobierno le vaya a solucionar todos sus problemas, que consiga una buena silla y se siente a esperar. Aunque podría argumentarse, correctamente, que hay ciertos problemas cuya solución compete directamente a las autoridades y que, por tanto, el ciudadano tiene razón en exigir, la experiencia nos muestra que esa actitud no nos lleva muy lejos. Después de miles de entrevistas, reuniones, grupos de trabajo, visitas de campo, etcétera, en proyectos relacionados con la economía informal, los obstáculos para hacer negocios y el clima de negocios estoy llegando a la conclusión que la principal debilidad para un mejor ambiente empresarial y para una democracia más efectiva no es necesariamente la ausencia de buenos empresarios y políticos bien intencionados; o, de un ambiente económico y electoral competitivo que se oriente a maximizar los beneficios para los guatemaltecos, sino la ausencia de una fuerte cultura cívica.

Problemas que aquejan a la mayoría de empresarios del país, como la criminalidad, la inefectividad del sistema judicial y la precariedad de los derechos de propiedad, entre otros, podrían ser resueltos o mitigados, a nivel local, de forma privada y pacífica a través de la acción de las asociaciones civiles-empresariales. Estas asociaciones podrían jugar un rol importante en la construcción y el mantenimiento del Estado democrático en Guatemala ya que podrían facilitar la transmisión de valores y prácticas cívicas y democráticas a un nivel micro: al nivel de la comunidad, del municipio o el departamento. Lo cual se traduciría en una presión más efectiva para ser tomados en cuenta en el proceso de construcción de la agenda política. El involucramiento de esta pluralidad de voces en la generación de políticas públicas podría ayudar a romper con el caudillismo y clientelismo que hoy existe. Esto es diferente a la idea de un “acuerdo de país” por parte del Estado y grupos armados; o, entre partidos políticos débiles; o, entre el Gobierno y algunos líderes sociales o empresariales. El verdadero “acuerdo de país” parte por contar con una sociedad organizada y que de manera voluntaria llega a acuerdos y genera proyectos de beneficio social. Como bien dijo Robert Putnam, “en la comunidad cívica (…) los ciudadanos persiguen (…) [su] propio interés definido en el contexto de necesidades públicas más amplias, interés propio que es “iluminado” más que miope, interés propio que está vivo para el interés de otros.”